Cada año en la provincia de Las Tunas se benefician miles de hectáreas de diversos cultivos mediante la aplicación de humus de lombriz, compost y otros fertilizantes orgánicos, incluidos los llamados abonos verdes.

A ese propósito mucho contribuyen el Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino, auspiciado por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), la Universidad de Las Tunas y la Asociación Nacional de Técnicos Agrícolas y Forestales (Actaf).

Igualmente valiosa resulta, en ese sentido, la labor institucional del Ministerio de la Agricultura (Minag), que promueve el uso de abonos amigables con el ambiente, en sustitución de los fertilizantes químicos, sobre todo los nitrogenados, altamente responsables del calentamiento global.

Pero, sin restar mérito a tales esfuerzos y resultados, es necesario aclarar que aún los productores tuneros están muy lejos de aprovechar todas las potencialidades con que cuentan a su alrededor para desarrollar una agricultura ecológica sobre bases sostenibles.

Aún son relativamente pocos los campesinos y obreros agrícolas que producen y aplican en sus fincas el compost, el humus de lombriz o una materia orgánica tan abundante y beneficiosa como el estiércol.

Es necesario extender mucho más algunas prácticas útiles y  sencillas, como la siembra de plantas capaces de mejorar la fertilidad del suelo, es decir los denominados abonos verdes, y la utilización de la cachaza, que es un residuo de la industria azucarera y abunda en este territorio, situado a unos 700 kilómetros al oriente de La Habana.

De inestimable importancia resulta, asimismo, el empleo de microorganismos eficientes y el reciclaje de los restos de cosecha.

Y vale la pena detenerse aquí, porque no pocos agricultores desaprovechan la magnífica oportunidad de incorporarle al terreno el ramaje que queda tras cosechar los productos, el cual, además de proporcionarle materia orgánica al suelo, retiene la humedad y lo protege de la erosión y las radiaciones solares.

Frecuentemente, los finqueros, lejos de aprovechar ese recurso, lo extraen del campo y, lo que es peor: le prenden fuego, con el consiguiente daño a la tierra, a la atmósfera y al medioambiente, en general.

No es ocioso reiterar que muchos fertilizantes ecológicos también contribuyen a incrementar los rendimientos agrícolas y que todos ayudan a obtener alimentos más sanos e inocuos para la salud humana.

Tomado de Tiempo 21

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